L´Horta de Valencia, Riqueza y Legado Cultural

Por Juan Jose Martín Matilla

Según el geógrafo Victor Soriano entre 1956 y 2011 han desaparecido dos tercios de la Huerta de Valencia, un 64% de la superficie dedicada a ella: ha pasado de 15.000 a 6.000 hectáreas en 50 años.

Decenas de colectivos, liderados por la plataforma cívica Per l’horta, registraron en el Ayuntamiento de Valencia más de 20.000 alegaciones contra la destrucción de huerta prevista en la revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). “No nos podemos permitir el lujo de perder más hectáreas del cinturón verde que rodea la capital”, enarboló Enric Navarro, portavoz de Per l’horta y productor ecológico.

Afortunadamente este plan se paro.

Pero eso no es lo principal que quería señalar. El autor antes citado tambien defiende que: «La huerta es parte de la identidad valenciana estereotipada, buena parte de lo que entendemos como ‘ser valencianos’ se construye alrededor de valores hortelanos, como podemos ver en La Barraca de Basco Ibáñez«.

La identidad de la ciudad de Valencia esta ligada a la huerta y es uno de los aspectos que nos definen como Valencianos. Estamos hablando de un ecosistema y un patrimonio que ha estructurado la ciudad y su entrono desde hace mas de mil años.

La huerta valenciana nació en la época del imperio romano con la creación de la ciudad de Valentia. Aportaron cultivos que conocían tanto cereales como el olivo y la vid. No obstante estos y por las condiciones pantanosas propias del entorno no eran lo suficientemente productivas.

Lo que hoy conocemos como la huerta valenciana se desarrolló en la durante el periodo islámico  creando una importante infraestructura fluvial, principalmente con la construcción de acequias   y azudes, pequeñas presas, que derivaban las aguas de las fuertes avenidas del Turia y los barrancos, consiguiendo desecar grandes zonas pantanosas y llevando el riego los campos. También se impulsó y desarrolló diversas actividades a lo largo de estás infraestructuras como molinos de agua, aprovechando el caudal que circulaba por las acequias, como lavaderos cercanos a las viviendas o alquerías. Un ejemplo interesante de huerta dependiente de la ciudad para la obtención de alimentos fue el de la huerta de Ruzafa, cuyo nombre en árabe identifica, precisamente, a este tipo de huertas urbanas.

Asi generaron un rico espacio productivo como consecuencia de la introducción de la tradición árabe (Yemen y Siria) del regadío, así como las bereberes norteafricanas. A los cultivos clásicos que ya se cultivaban en época romana cereales, vid y olivos,  se añaden el arroz y la chufa como más característicos de las zonas más húmedas y hortalizas como la berenjena y la alcachofa, etc. Al ser los productos hortícolas el cultivo por excelencia, se tomó de ahí el nombre de este entorno.

Las acequias mayores (Moncada, Tormos, Mestalla, Rascaña, Cuart, Mislata, Favara y Rovella) estuvieron regidas desde la época musulmana por el tribunal de las aguas, aún vigente hoy, por el que se controlaba el uso y utilización de los caudales de riego. Ahora esta proclamado como bien inmaterial de la humanidad en 2009.

Desde mi punto de vista hay que defender las huerta de Valencia por dos motivos, el primero por que es nuestro legado cultural y nos ha definido, y un segundo práctico, hablamos de una de las huertas periurbanas mas productivas, y en una época donde tomamos cada vez mayor conciencia de la necesidad de una alimentación ecológica, sana y de proximidad, como defensa de nuestro entrono, debe ser preservado lo que ya tenemos.

La huerta no es un espacio natural,  un terreno no trabajado se convierte en un solar baldío que pierde todo su valor cultural y paisajístico. Por tanto, incide en la importancia de que, además de crear políticas públicas de protección.

Pero es una fuente de oportunidades de crear riqueza y empleo en agricultura ecológica y en promoción y turismo cultural y natural, y de fomentar la soberanía alimenticia. Como dice el lema de «Per L´Horta»

L´Horta és Futur

 

 

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